José Antonio Granillo: ayudar es mi vida
Jul 14th, 2009 | By admin | Category: Galerías audiovisualesPor ANA CUBÍAS
(Relatos contra el silencio: el sida en la comunidad latina, 23 de mayo de 2007)
En un lote vacío, rodeado de roedores, polvo y cubierto con unas hojas de papel periódico, se encontraba durmiendo José Antonio Granillo. Hasta ahí lo había llevado su fuerte adicción a las drogas y el alcohol.
“Yo ya no podía caminar, yo ya había dejado de hacer asaltos y cosas que emocionaban porque ya no me podía (escapar) de la policía,” aseguró. “Yo era adicto a todo tipo de drogas. Tomaba alcohol de 96 grados”.
Afortunadamente, en 1997 Granillo buscó una salida más efectiva a sus problemas y decidió internarse al Centro de Integración y Recuperación para Enfermos de Alcoholismo y Drogadicción (CIRAD), y desde entonces su vida cambió.
“Duré 24 años en las drogas”, afirmó. “Gracias a este programa en CIRAD, ya llevo 10 años en recuperación”.
CIRAD no sólo le dio la oportunidad a Granillo de recuperarse de su adicción a la heroína y al alcohol sino también le abrió las puertas para convertirse en voluntario para el Albergue Las Memorias, un sitio que ayuda a pacientes con sida.
Granillo, quien es ahora el director de Las Memorias, señaló que el albergue tiene trabajando ocho años, desde el 4 de enero de 1999 y que se inició con un grupo de ocho servidores del (CIRAD) con el propósito de ayudar a personas de bajos recursos con sida y adicciones.
Desde entonces, este albergue se ha convertido en el pan diario de cada día de la vida de Granillo, ya que paralelo a atender personas con sida, él siempre tiene que estar pendiente de no tener una recaída en los vicios.
Granillo empezó a consumir marihuana y alcohol desde los 13 años de edad y hoy, después de haber obtenido ayuda profesional, ha descubierto que estas adicciones se generaron debido a complejos, traumas y falta de atención de sus padres durante su niñez.
“Mi papá nunca me dijo: ‘qué onda, cómo estas, cómo vas en las tareas, te ayudo, vente vamos a jugar a la pelota, o vamos al parque’”, dijo. “Nunca me dijo: ‘tú vales mucho, te quiero un friego, tú eres importante para mí’. Nunca me lo dijo”.
Granillo, de 49 años, aseguró que a través de CIRAD y los talleres que ha recibido, él ha aprendido a lidiar con éstos problemas y ahora les puede brindar esta ayuda a los pacientes de Las Memorias.
Granillo, originario de Mexicali, Baja California, mencionó que muchas de las personas que caen en adicciones, y por ende están en alto riesgo de contraer sida, provienen de familias disfuncionales, han sufrido de violencia doméstica, violación o simple y sencillamente no se aceptan como seres humanos.
En el albergue, hay sesiones que ayudan a los pacientes a explorar y descubrir estos traumas, ya sea por medio de testimonios, pláticas con psicólogos o por medio de la religión.
Las terapias también ayudan a los pacientes a reconocer sus adicciones a las drogas y al alcohol, ya “la gente cree que el alcohol no es droga, el alcohol desintegra familias, hay perdida de valores también te mueres de cirrosis y hepatitis, baja autoestima y terminas tirado, defecado y orinado tapándote con periódicos eso me paso a mí”, apuntó Granillo.
Granillo comentó que Las Memorias, el único albergue en Baja California que atiende a personas de bajos recursos con sida, ha crecido y cambiado mucho desde que comenzó.
“Esta casa se hizo para pacientes con fase terminal en aquel entonces, y esto lo consideraban que La Morita [la colonia donde se encuentra el albergue] era para venir a morir; muchos pacientes hasta tenían miedo”, dijo. “Cuando empezaron a haber los medicamentos y ya los teníamos más seguros, empezó a bajar el nivel de mortalidad y empezó a elevarse la calidad de vida”.
Desde que el albergue se abrió, aproximadamente unas 2,000 personas han vivido ahí, de las cuales unas 600 han fallecido y el resto, 1,400, se han dado de alta por mejorías y esperan que estén integrados en la sociedad y con sus familias, destacó Granillo.
A pesar de que Granillo consumió drogas y alcohol por muchos años, él nunca se contagió, pero afirmó que muchas personas piensan que no están en riesgo de contraer el sida.
“Yo conozco señoras que no son promiscuas, y que no usan drogas y que están infectadas”, dijo. “Hay unos que pensaron que no se iban a infectar, pero todos estamos en riesgo y eso hay gente que no lo toma en cuenta”.
Sin embargo, Granillo sabe que su labor sólo llega hasta cierto punto, ya que muchos pacientes salen de la casa y recaen en los vicios, lo cual hace que el virus del sida se vuelva más agresivo, a tal punto que el medicamento ya no surte efecto.
“El virus yo lo catalogo como que es muy abusado, muy inteligente y sólo está esperando que te descuides y en cualquier oportunidad que él tiene, se aprovecha”, apuntó. “Entonces, es una carrera entre el paciente y el virus, que si no te pones abusado él te gana”.
La misión de Granillo en el albergue es muy grande ya que sólo un 70 por ciento de los gastos son cubiertos por CIRAD, mientras que el otro 30 por ciento depende de la caridad de las personas.
Granillo se encarga de todas las gestiones administrativas y vela porque la documentación del albergue siempre se encuentre en orden. Uno de los sueños más grandes de Granillo es que el terreno de Las Memorias pase a ser propiedad del albergue para que siga sirviendo a los pacientes futuros.
“Yo siempre trato de tener los pies (sobre) la tierra, pero siempre buscando mejoras para la casa, que la gente esté bien. Que haya drenaje, antes no teníamos agua, ahora ya tenemos agua y electricidad”, expresó. “El tiempo nos va dando las respuestas y portándose bien, Dios nos ayuda”.
En Las Memorias existe un organigrama por medio del cual los pacientes se integran a ayudar en los quehaceres del lugar, como por ejemplo hay un coordinador de mantenimiento, hay un coordinador de seguridad y hasta un encargado de la bitácora para ver quién entra y quién sale.
“Desde que estábamos en CIRAD, nos han enseñado que hay un coordinador de cada área, pero es importante que cada paciente que vaya llegando, integrarlo al servicio para que se sienta parte de él, para que su autoestima se levante”, destacó.
Granillo, afirmó que a pesar de que muchos pacientes son dados de alta gracias a la intensa labor de Las Memorias, él no pierde las esperanzas de que un día el gobierno les brinde más apoyo, ya que lo ideal para mantener la casa serían alrededor de $40,000 pesos al mes.
“Pienso que (los del gobierno) deberían involucrarse más, valorar más nuestro trabajo, y que se den cuenta que alguien está haciendo lo que ellos deberían estar haciendo porque el estado hasta ahorita no ha puesto un albergue”, aseveró.
A pesar de que Granillo tiene que estar en una constante lucha contra sus adicciones, la de los pacientes y en una búsqueda imparable de donativos, él sabe que tiene un compromiso con los pacientes, con su familia, con la comunidad, consigo mismo y con Dios.
“(Mi trabajo) me encanta, me fascina. Esto es mi vida, yo pienso que aquí, hasta que la muerte nos separe”, afirmó.

