Justicia ambiental
Comunidad lucha en contra de emisiones diesel

Durante una junta de Pacoima Beautiful, Ángeles Trejo comparte el problema de asma que tiene su hija.
Por DIANA GARDUÑO
Ser ama de casa, madre de dos hijas e ir a la escuela para aprender inglés en las tardes es suficiente para terminar en la cama al final del día, cansada, con dolor de cabeza y mucho sueño. Sin embargo, desde hace dos años Ángeles Trejo sacrifica los pocos ratos libres y prepara la cena temprano para servir como voluntaria en una orgaanización llamada Pacoima Beautiful.
La motivación de Trejo, al igual que otras madres en Pacoima que se han involucrado en esta organización, ha sido la familia. Todas ellas conocen a personas o tienen familiares que han sido diagnosticados con problemas de salud como asma o cáncer, resultado del gran nivel de contaminación en el aire que padece la comunidad.
Estas amas de casa, esposas y madres, han decidido ser voluntarias para lograr hacer un cambio y ser las voces de una comunidad de bajos recursos que sufre y es impactada por problemas ambientales. De acuerdo a Pacoima Beautiful estas condiciones devienen del estar rodeado por tres autopistas, tener sitios tóxicos y aplicaciones industriales que complican la salud de la gente. Lo peor de todo es que las encuestas en la comunidad han determinado que el 70 por ciento de los residentes carecen de seguro médico.
Contaminación en las escuelas: peligro vigente
Por PABLO BELLOSO CHÁVEZ
El asma y la contaminacón ambiental por Maeve Curran.
Sentado en medio de una docena de bancas en el comedor de su escuela, durante un día nublado y caliente, Joaquín Alvarado, 11, cuenta qué le pasó a uno de sus amigos mientras jugaban: “Él nomás estaba corriendo. Era muy buen corredor. Pero de repente tuvo un ataque de asma y se detuvo. Y tuvieron que darle su inhalador bien rápido para que pudiera respirar, y lo llevaron a la enfermera”, recordó Joaquín.
Casos como éste se pueden ver cada día en Los Ángeles, cuando una capa de humo y polvo, producida por la polución de los carros y las industrias, cubre la ciudad y tapa la vista con algo arenoso y amarillo.
Muy poco se puede comparar a la gran vista de Los Ángeles en una tarde de verano. Con todas las luces de cada color en desfile por las autopistas y las palmas bailando con la brisa en línea, la ciudad realmente brilla.
Pero durante la mañana, cuando todos van rumbo a sus trabajos y quehaceres, se alza la cabeza y se nota dónde termina lo azul del cielo y dónde comienza ese manto de luz sucia arriba de toda la ciudad.
Los jóvenes se convierten en el cambio que desean

De acuerdo con Acción Comunitaria para Luchar contra el Asma (CAFA por sus siglas en inglés) el asma le afecta a estudiantes de un 6 a 8 por ciento, pero le afecta tres veces más a los estudiantes que viven en comunidades de bajos ingresos. (Fotos por HANNAH PEDRAZA / EL NUEVO SOL)
Por MARTHA MACIEL
Como cada lunes una docena de jóvenes se reúnen en un cuarto al fondo de las instalaciones de la organización Comunidades para un Medio Ambiente Mejor (CBE por sus siglas en inglés). Ellos conversan entre sí y comen esperando que sean las cinco de la tarde para empezar la junta. Los muchachos, de edades entre 16 a 18 años, junto con la coordinadora del programa juvenil empiezan su agenda introduciéndose para romper el hielo. Los miembros se juntan en parejas y se presentan uno al otro al grupo entero. Después de establecer confianza, la junta comienza a hablar sobre cómo la contaminación afecta y cómo pueden lograr la justicia medioambiental.
“Nosotros no juntamos basura o limpiamos las ciudades, claro que eso es importante pero nuestro enfoque es involucrar a la comunidad”, indicó Ángeles Zavala de 19 años, quien vive en la ciudad de Huntington Park.
Ella está consciente de que el aire que respira es diferente al que inhala la gente de altos ingresos, y por eso quiere hacer algo al respecto. Hace poco Zavala tuvo que empezar a usar un inhalador porque tenía una tos fuerte que no se calmaba.
Opinion—Realizing pollution: Getting beyond the limits of our five senses
By ASHWANI VASISHTH
Pollution!!! Billowing smoke stacks, belching tail pipes, the stench of chemicals, smoggy skylines—sights and sounds and smells. That’s what we think of, when we hear the word pollution. Because we are sensory creatures, first and foremost. Things are always more real to us when we can see, and touch, and hear, and feel, and taste them, than when we can’t. Abstractions are those things we can only conceive of in our mind’s eye. Reality is what’s empirical, what’s tangible, measurable.
People say, “pollution is getting better.” And it is, visibly speaking. But cancer rates are rising. Asthma is getting worse. Allergies are becoming more the norm. To the best of our knowledge, these trends are driven mostly by environmental factors. But these factors are increasingly becoming less tangible, less visible, less manifest. All trucks and buses and planes used to belch thick black smoke not so long ago. Now, visible exhaust is the exception not the norm. Has pollution gotten better? Or is it just different? Less visible. Does that make it harder to fight?







