Familias trasnacionales
Vivir entre fronteras: La realidad de las familias trasnacionales
Por CINDY VON QUEDNOW
EL NUEVO SOL
Mientras los gritos y risas de los niños se escuchaban afuera, los directores de la Casa Hogar Lirio de los Valles en Tijuana, México nos dieron gracias a los reporteros por hacerles preguntas difíciles que ni ellos habían pensado, y por abrir unas heridas profundas pero importantes. Después de vivir entre los 90 niños del orfanatorio, nos toco escribir las historias de abandonamiento por las drogas, o porque sus padres cruzaron al norte sin ellos.
La realidad transnacional es la realidad de los inmigrantes, los trabajadores, las madres y los padres, hermanos y hermanas que cruzan una frontera o fronteras en búsqueda del sueño americano. Esa realidad también existe al otro lado, en los hogares y familiares dejados atrás. ¿Cómo mantener esas relaciones con personas que viven en otro país, que están tan lejos que parece que viven en otro mundo?
Con los avances del internet, familias no solo se comunican por medio de líneas telefónicas, si no también con servicios como Skype o video chat. Padres pueden ver cómo van creciendo sus hijos por video y fotos digitales. Aun así padres pueden establecer reglas y mantener una relación estricta, ellos deciden cuando su hija pueden depilarse las cejas o si su hijo puede tener novia.
Orfanatorio en Tijuana ofrece amor y esperanza a niños con familias en ambos lados
Por CINDY VON QUEDNOW
EL NUEVO SOL
Una confusión de papeles en la frontera entre México y Estados Unidos hizo que Berenice Rodríguez, una joven de 21 años, nunca viera a su familia de nuevo.
Cuando tenía nueve años, ella y su hermana de 19 viajaron de paseo desde Los Ángeles a México mientras sus padres estaban de viaje. De regreso a EE.UU., Berenice, quien nació en Guadalajara, trató de cruzar la frontera de Tijuana con papeles de otra niña (la hermanita del novio de la hermana) pero no pudo. La separaron de su hermana y la llevaron a una casa de inmigrantes.
“Fue así como nos separaron en ese momento y no supe adónde exactamente la mandaron a (mi hermana)”, recuerda Berenice, quien ahora tiene 21 años. “En ese momento todos los lazos… se me rompieron”.








